Un templo viviente

Cómo contemplarse en ese vacío, para que en el momento de morir, el alma vuelva a nacer en otro espacio, en otro tiempo, en otro centro del universo y otra vez, fragmento sobre fragmento hasta que el lago misterioso se abre de nuevo y el sentimiento encuentra una forma que confiesa su pureza mientras cientos de pájaros se la llevan.

Nacer, mil veces nacer, repetir el acto de la creación cuantas veces pueda y entonces acariciar la muerte y abrir un espacio que no tiene límites, un espacio de comunión universal.

Es la fuerza invisible de la vida que, hecha poesía desde el caos, nos nombra.

Patricia

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